Andaba despistada yo
sin saber el papel,
cuidaba aquel muñequín
mientras aprendía a querer
más que cargado del debo
y queriendo hacerlo todo bien.
Hasta que una mañana fresca
soltaste mi pecho
y mirandome me dijiste
hola mamá,
yo te quiero también
y una increible sonrisa
se dibujó en tu rostro de angelín delicioso
para hacerme sentir
que todo quizás iría bien.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario